Grandes mujeres, grandes hombres
levantaron sobre sus hombros el suelo
y lo hicieron techo y suelo
y, de nuevo, techo y suelo,
hasta ascender a alturas
donde nadie había llegado,
lugares donde solear su colada,
donde cantar canciones interminables
con voz maravillosa.
Lugares altos, flores de fuego.
Visito esas estancias.
El ser que no construye sabe leer, oír. Admira y sueña.
No edifica: visita y se aloja
una noche.
Luego vuelve a ser poco. Casi nada.
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