Buscar este blog

04 noviembre 2005

Las tardes de los viernes eran tardes de dolores
cuando tú estabas, remoto, inalcanzable, amado
en mi horizonte. Y no veía a nada, a nadie.
Sólo tu ausencia.
Ahora no estás. Mejor. Me salvo de esperarte
aunque me asombra que sigas tan presente.
Aún las tardes de los viernes tienen espinas y muerden.

No hay comentarios: