Imaginemos a un ser solitario. Todopoderoso y quieto. El señor solitario, silencioso, poseedor de un lenguaje aún nunca hablado en lenguas.
De la explosión de ese ser nació el universo.
El fin del universo tendrá lugar cuando de nuevo se reconstruya ese ser. De nuevo solitario, silencioso. Ahora todo memoria, infinito atravesado por el caudaloso, oscuro río del tiempo.
En la eternidad hay tiempo para una nueva explosión.
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