KAMAL
Radio Bombón
(A veces, de menta
A veces, de melón)
Radio Bombón
Son las ocho y catorce minutos
¿Un buen despertador?
En relojería Arribas
¿Cronómetros exactos?
En relojería Arribas, Montecillo, 6
Radio Bombón
(A veces, de fresa
A veces, de limón)
Radio Bombón
Son las ocho y diecisiete minutos
DESAPARECE FIGURA CENTRAL DE FAMOSO CUADRO EN CIRCUNSTANCIAS MISTERIOSAS
“Joven despidiéndose”, también conocido como “El lagarto de colores”, obra cumbre del enigmático pintor del siglo XVI, Sebastiano Selvático, depositada en el Museo de Artes Plásticas de nuestra ciudad, ha amanecido inacabada (Continuará)
Radio Bombón
(A veces, de lima
A veces, de jamón)
Radio Bombón
Hora exacta: son las ocho y veinte minutos
En un despertador de relojería Arribas, Montecillo, 6.
Más que por la noticia, que, de momento, no comprendí muy bien, me sorprendió que hablasen de un cuadro en el que pensaba que no se había fijado casi nadie. Mi cuadro favorito, mi amor secreto.
Muchas noches, en la cama, cuando apagaba la luz, me veía subiendo por antigua escalera de mano y dando un salto al interior de aquel mundo verde por el que iba andando el Joven. Entraba allí justo en el momento en el que él se despedía de aquel espacio maravilloso y secreto, pacíficamente guardado por el Lagarto de colores. Me quedaba mirándole un instante, esperando a que me contase de dónde venía, a dónde iba… Pero antes de que él se decidiese a revelarme su secreto, yo, tranquilamente, envuelta en el aroma a hierba fresca, oyendo el rumor del viento en las ramas, me dormía.
Seguí escuchando la radio. Cambié de emisora:
“… forzadas ni cristales fracturados. Pero al llegar a mi puesto de trabajo, entre las salas VI y VII, encontré el cuadro… inacabado. No se me ocurre otra forma de explicarlo. No es como si un chiflado hubiese pintado de blanco la figura del joven… Donde debía estar su figura ahora sólo hay un espacio que parece no haber sido pintado nunca”
En el colegio sólo Miguel había oído hablar del suceso. Estuvimos charlando, pero la conversación no daba más de sí porque a él no le importaba apenas ese misterio.
De vuelta a casa, en lugar de seguir el camino de siempre, me dejé llevar y avancé por un camino que no conocía. Esta en la zona más antigua de la ciudad, en las calles más estrechas y oscuras. En una de esas calles me llamó la atención un escaparate: era de una pastelería. Lo que atrajo mi mirada fue que, además del mostrador, hubiese una mesa de mármol con tres sillas. Y que encima de una de ellas, se viese un extraño chaquetón, que parecía de terciopelo o de raso o de seda, y que tenía unos colores maravillosos: amarillo, naranja, rosa…
Entré en el local. Olía a caramelo y a bizcocho recién salido del horno.
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