¡Qué alegría escribir para ti!
Minúsculos nidos de ave fénix;
el gozo de nombrarte y de que seas.
Los bosques invernales al final del pasillo
entro y hundo mi cara en ayer, niebla espesa.
Mar pequeño que se calienta al sol
Me dejo penetrar, mar antiguo.
En mí hay una moneda de oro,
una medusa roja, un pez de plata,
una piedra azul.
Absurda suposición: voy a encontrar ecos
después de tantos años. No va a estar todo
muerto, muerto, muerto.
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